
Ópera cubana en tres actos Écue-Yamba-o, inspirada en la novela de Alejo Carpentier, con partitura de Roberto Sánchez Ferrer estrenada el 25 de diciembre de 1986 interpretada por María Eugenia Barrios, Lázara María Lladó, Enrique Suárez, Néstor Gutiérrez y Pedro Arias Domínguez.
Esta es una obra que se adentra en las más profundas raíces culturales cubanas. Desarrollada en la corriente “negra” de la literatura cubana, en la que Carpentier influenciado por el foco que se había creado alrededor del componente africano de la cultura, unido a los estudios del antropólogo cubano Fernando Ortiz, recogidos en los libros Los negros brujos (1906) Los negros esclavos (1916) y Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar (1940) donde plasma su concepción de la cultura cubana en una “transculturación” a través de la que justifica el mestizaje étnico de la isla, atendiendo a lo diferenciador de la población negra junto a los distintos grupos raciales que la componen.
A través del texto de Carpentier, y del conocimiento de la cultura cubana, Julio Castaño personaliza, y trae a imagen cada uno de los personajes descrito profusamente por el escritor cubano. Pero no solo se queda en el conocimiento de la obra, sino que utiliza los cuatro niveles de teatralización de la cultura, descritos por el estudioso, coreógrafo y maestro cubano de danza moderna, Ramiro Guerra, en el que indica que para poder llevar a escena un hecho folclórico, es necesario conocerlo formalmente, aprender sus técnicas y especificidades, para poder transformarlo a la visión escénica desde el respeto y el conocimiento de la tradición. Así que Castaño comienza el estudio de la información que sobre los ñáñigos se podía obtener en la época para poder entender las características de cada uno de los personajes que conforman la historia del escritor y que luego se llevarían a la obra de Sánchez Ferrer.
La ópera de Sánchez Ferrer unifica en cierta medida el concepto del movimiento, que planteaba Carpentier con respecto a los argumentos del ballet, mientras se centra en la recreación y la teatralización de un hecho folklórico, que se distingue por una estética, y por los bailes que se ejecutan durante los rituales mágico – religiosos de los abakuas. Todo este entorno folklórico está representado en los personajes como el Bervá, el Haitiano, el Íreme o Diablito, que además será el narrador de la historia.
Castaño utiliza para sus diseños los imaginarios ideo-estéticos que se encuentran en el imaginario colectivo social en cuanto a la representación de los personajes, a la vez que utiliza componentes sugerentes para su configuración, valiéndose del afrocubanísimo presente en el quehacer artístico de la insularidad antillana tanto del momento en el que se escribe el texto por Carpentier, como por la estética escénica de la década de 80 del siglo pasado, con patrones presentes en las bellas artes como en la literatura, buscando llegar a la representación estética de los sistemas religiosos que componen la cultura abakuá, de ascendencia africana, que se erigen como expresiones seminales de diversas manifestaciones simbólicas y culturales, completándolas en el proceso de teatralización folklórica, que lo hace desarrollar un ambiente naturalista en la escena, haciendo creer al espectador ser partícipe de los rituales ñáñigos que antaño le fueron prohibidos.
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